Archive for the 'Sensaciones' Category

Indignante golpiza de guardias a mendigo

Sorprende el nivel de violencia de las personas que -se supone- deben velar por nuestra seguridad en un recinto cerrado.

Ver este video da para pensar en que -quizás- muchas otras personas han sido víctima de este grupo de inadaptados, esos a los que un uniforme y una brillante placa plástica les confiere de la mínima cuota de autoridad necesaria para golpear, hacer y deshacer con aquellos que no tienen voz… ¡una vergüenza!

Porque nadie nace siendo Heavy User

En Código Morse le dimos mucha cobertura a este tema desde que era solamente un rumor, y cuando se confirmó que no se trataba de FTTH, las hordas de gente con azadones y antorchas se agolparon a comentar lo terrible que la filial chilena de la empresa española estaba haciendo en nuestro país.

El centro de la discusión se puso en lo reducido que era el ancho de banda libre que se entregaba: 300kbps gratis en navegación nacional parecen no ser suficientes para un grupo de personas -me cuento- que no viven si no navegan a 2 Mbps.

Pero dejando de lado estas necesidades, a mi modo de verlo, Telefónica sí plantea un cambio interesante. Piensen en lo que sintieron ustedes cuando dejaron de jugar con los autitos de juguete y comenzaron a buscar fotos de los reales en altavista o lycos. Desde esa primera vez su mundo comenzó a expandirse, a tal punto que hoy en día estamos en una parada distinta que muchas otras personas, nos informamos más y mejor, tenemos opinión y la hacemos saber al resto a través de blogs y otros medios. En otras palabras, somos heavy users… y el target de este producto no somos nosotros.

El pecado de Telefónica fue promocionar un cambio radical en la banda ancha… y en parte lo hicieron: Le abren la posibilidad de tener internet a un grupo de personas que puede darle un uso real a los sitios nacionales. Abuelos, jóvenes muy jóvenes y gente cuyo oficio podría ser más fácil teniendo acceso a los sitios del gobierno, o que puede hacer trámites a través de internet en el SII o descubrir un recorrido nuevo en transantiago.

No se ustedes, pero a mi me parece un primer paso que va en la dirección correcta… sobre todo, tomando en cuenta que no se requiere comprar el pack para activar el servicio: Basta con tener un módem, línea telefónica, y sería. O sea que el precio tampoco plantea una barrera de entrada a la internet, formando parte de los valores asociados al cobro único que la empresa rotula como cargo fijo.

Hoy cada boca de teléfono es un punto de conexión, y gratis.

Entregar este mendrugo de internet -aunque sea capada, nacional y a pedales- podría abrir un mundo nuevo, por ejemplo, para aquellas mujeres emprendedoras que trabajan tomando pedidos por teléfono para ganarse la vida haciendo tortas, y que ahora podrán tener un canal gratuito para promocionarse; o para esas mamás que todavía no saben que existe una versión electrónica del icarito, o para los viejitos que no tienen idea que no tienen que ir a la oficina del INP para solucionar ciertos problemas, o que pueden leer el diario -y llenar de cartas al editor- a través de la red. Ese mismo mundo cotidiano en el que nosotros nos desenvolvemos, para ellos será todo y más.

Sí, es lenta, pero es gratis y de acceso prácticamente universal (salvo para la XI y XII regiones). Mejor algo que nada, ¿cierto?

Lo importante ahora es ver de qué forma Telefónica logra que la gente pueda darle uso real a esta herramienta: No me sirve de nada tener internet gratis si no tengo un computador (bien cada día menos suntuoso), una lista detallada y creciente de sitios en los cuales puedo navegar y o si no existe un programa de Alfabetización digital asociado a este esfuerzo… sí, porque esto es un esfuerzo técnico y humano para acercar a más y más personas un trocito de lo que nosotros disfrutamos hace muchos años.

Además, ¿para qué estamos con cosas? Nadie nació siendo heavy user. ¿o sí?

Un asunto de vida o muerte

Hay momentos en que nuestra nunca bien ponderada caja idiota no solamente tiene valor en la industria del entretenimiento. La televisión ha sido testigo, testimonio y catalizador de sendos cambios en la forma en que hoy en día nos desenvolvemos en nuestro entorno; cambios que, actualmente, no sé si hayan sido para mejor.

Hoy, inmersos en sendas discusiones relativas a adoptar un nuevo estándar digital para ella, se habla de crear una televisión interactiva, participativa, que genere feedback con los televidentes… algo que ya existía, pero que requería un compromiso mayor de quienes tenían el poder de decidir lo que se proyectaría en pantalla.

Sin ser muy mayor, veo con espanto cómo quedó atrás la época en que caía en los periodistas la responsabilidad ética de convertirse en motores de largas cadenas humanas en que las voluntades se alineaban, logrando captar donantes, convencerlos, obtener un órgano y echar a andar una enorme maquinaria para entregar esperanza de recuperación a muchos chilenos; y de paso, devolverle a muchas familias parte de su existencia.

A mi mente viene un ya consagrado colega que hacía sus primeras armas en Canal 13 durante el fin de los convulsionados años 80. Mientras todos estaban preocupados de darle una y otra vuelta al futuro político de nuestra nación, él marcaba un estilo distinto al poner el foco en las personas… principalmente, en los que más necesitaban de una tribuna en los medios.

Era prácticamente mágico: Se activaban los mecanismos y, en gran cantidad de casos, se conseguía un donante en las siguientes 24 horas.

Actualmente, él está a cargo de un renovado noticiario en que este tipo de coberturas no tienen cabida, pues los periodistas no quieren involucrarse más allá de lo necesario a la hora de desarrollar temas de índole humana, pues los temas que involucran sufrimiento en cámara ya no generan rating ni ingresos, y también porque los avisantes no quieren ser relacionados a esos conceptos.

Basado en eso, no parece tan improbable que en un país que apunta a dar un salto hacia el primer mundo no exista ni la conciencia ni una política estatal clara respecto a este tema… un acto que depende de la generosidad de personas que -muchas veces- están absolutamente perturbadas ante la posibilidad cierta de que un ser querido muera.

Da pena y algo de rabia constatar como la pasividad con que gobierno y oposición desecharon este (y muchos otros) tema para dar cauce libre a estériles disputas sobre quién se queda con el trozo de torta más grande, se quiebra abruptamente ante la posibilidad de obtener múltiples apariciones gratis en la prensa… claro, es un año electoral y no podemos culparlos por eso.

Al final, la gran cantidad de horas-aire que los distintos canales le han dado al tema no han servido sino para testimoniar innegablemente la falta de empatía que con el tiempo se ha arraigado en el seno de una profesión antes idealista y comprometida, y que por este vehículo se ha enquistado en quienes se enorgullecen de la solidaridad que demuestran una vez al año, solamente por 27 horas.

Pero lo que es peor… tuvo que fallar el enfermo corazón de Felipe para acordarnos -como siempre- que existe otra realidad. Una en la que muchos otros Felipes tienen la urgencia de hacernos notar que necesitan una oportunidad de seguir con vida y, de paso, que todos nos diéramos cuenta que algunos sectores de la sociedad chilena están evidenciando síntomas de necesitar con urgencia un transplante de razón y conciencia.

Tristemente, para ninguno de estos pacientes existe donante todavía.

Este texto fue escrito y entregado horas antes de que Felipe Cruzat muriera. Descansa en paz, campeón.

Un puñado de nervios, y todo vuelve a empezar

Fue todo muy raro. Martes, teléfono y durante 10 minutos me intentaban explicar cosas que yo no podía entender: ¿Cómo fue que habiendo tanta gente mucho más entendida en tecnología, me llamaron a mi?. Escuchaba a la periodista hablar y a pesar de lo didáctica que era para explicar lo que quería decirme, mi mente ya no estaba conmigo… Huía despavorida hacia cualquier otro lado con cada frase.

- “Ven al canal y afinamos detalles…”

El llamado fue totalmente inesperado. Hacerme cargo de un espacio tecnológico en un noticiario era algo que no tenía en mis planes… y aunque sea del cable, sigue siendo Canal 13, sus instalaciones, su equipo humano y ese estudio desde el que acostumbraba quedar informado cada noche viendo al rostro de turno.

- “Soledad Onetto nos dio tu número recomendándote…”

Ahora sí que no lo podía creer.

Esto era totalmente distinto al desafío que en 2008 también me ligó con el canal del angelito: Estamos Conectados y las cápsulas que hice cuando estaba a cargo de Fayerwayer TV fueron una gran escuela, pero esa experiencia distaba de hablar en vivo con Daniel Matamala, una contraparte tan preparada y cuya admirable habilidad en el manejo de los tiempos habría de vivenciar más tarde.

Desde ese momento -ese martes del llamado, el colapso y el sudor frío- mi estómago no dejó de crujir y gruñir al recordar que me pararía frente a un número indeterminado de cámaras a hablar de cosas que -de seguro- se me olvidarían. Es más, mi ya conocida mala memoria recrudeció durante esos días previos, haciéndome presa de omisiones tan brutales que ahora me avergüenzan incluso ahora.

Compra de ropa, debates sobre si me afeitaba o no, más olvidos y un insistente dolor de estómago que me recordaba a cada momento que faltaba menos tiempo para enfrentar al paredón de fusilamiento audiovisual mirando de frente (a las cámaras).

- “Nos juntamos en Agustinas con Mac Iver.”

Y de pronto, era viernes e iba en un taxi con Daniela hacia el canal… Sentía que aquellos hostigosos nervios -los mismos que siento al tocar la puerta de su departamento cada noche- seguían haciendo mella en mi del mismo modo en que sucedía momentos antes de todos y cada uno de los capítulos de Rompiendo Redes, de las maratónicas transmisiones de hasta 12 horas en Golazo de Radio Valparaíso, de mi más reciente aventura radial en ALT. Esos mismo que sentía antes de recibir mis ejemplares de “Torpedo” donde estaban las entrevistas y reportajes que hacía en el colegio. Nervios similares a los que sentía antes de publicar en Wayerless, Fayerwayer (sí, una vez), Formula 3 y actualmente en Racing5 y Codigo Morse.

Nervios ricos… de esos que te recuerdan que estás vivo. Vivo, y a punto de hacer algo que -quizás- pueda cambiar tu vida.

Ya sentado en prensa de Canal 13, todo era grabar imágenes de apoyo, tweetear y tratar de controlarme… ¿Está mi pelo limpio?, ¿me veo bien?, ¿qué era lo que iba a decir sobre Facebook?, ¿dónde cresta dejé mi cepillo de dientes?, ¿yo no manché esa silla, cierto?, ¿en serio me va a grabar Guido?, ¿dónde quedó mi tor…?

- “¡Maquillaje!”

Nunca me sentí mejor con maquillaje en la cara… No porque me guste andar con base y polvos por la vida, sino porque la maquilladora me ayudó a agarrar confianza a pocos minutos de salir al aire. Fue agradable ver que mi cara no tenía brillos ni ojeras.

- “¡Vamos al estudio!”

Las tres palabras que añoraba, pero que no estaba preparado para escuchar.

Lo demás es historia. La camisa, el micrófono, las luces y aquellos 275 segundos de los que tengo vagos recuerdos.

Luces apagadas, terminaba Telenoche C y tras una breve conversación sobre mi teléfono, Daniel Matamala se iba de vuelta a la sala de prensa… yo me quedé ahí, en la misma mesa durante unos 5 minutos más. No podría creerlo.

Todavía no puedo.

Terminaban así los 5 minutos más adrenalínicos que jamás tuve, y comenzaban 7 días en los que el ciclo volverá a comenzar… Gracias a todos.