Un asunto de vida o muerte

Hay momentos en que nuestra nunca bien ponderada caja idiota no solamente tiene valor en la industria del entretenimiento. La televisión ha sido testigo, testimonio y catalizador de sendos cambios en la forma en que hoy en día nos desenvolvemos en nuestro entorno; cambios que, actualmente, no sé si hayan sido para mejor.

Hoy, inmersos en sendas discusiones relativas a adoptar un nuevo estándar digital para ella, se habla de crear una televisión interactiva, participativa, que genere feedback con los televidentes… algo que ya existía, pero que requería un compromiso mayor de quienes tenían el poder de decidir lo que se proyectaría en pantalla.

Sin ser muy mayor, veo con espanto cómo quedó atrás la época en que caía en los periodistas la responsabilidad ética de convertirse en motores de largas cadenas humanas en que las voluntades se alineaban, logrando captar donantes, convencerlos, obtener un órgano y echar a andar una enorme maquinaria para entregar esperanza de recuperación a muchos chilenos; y de paso, devolverle a muchas familias parte de su existencia.

A mi mente viene un ya consagrado colega que hacía sus primeras armas en Canal 13 durante el fin de los convulsionados años 80. Mientras todos estaban preocupados de darle una y otra vuelta al futuro político de nuestra nación, él marcaba un estilo distinto al poner el foco en las personas… principalmente, en los que más necesitaban de una tribuna en los medios.

Era prácticamente mágico: Se activaban los mecanismos y, en gran cantidad de casos, se conseguía un donante en las siguientes 24 horas.

Actualmente, él está a cargo de un renovado noticiario en que este tipo de coberturas no tienen cabida, pues los periodistas no quieren involucrarse más allá de lo necesario a la hora de desarrollar temas de índole humana, pues los temas que involucran sufrimiento en cámara ya no generan rating ni ingresos, y también porque los avisantes no quieren ser relacionados a esos conceptos.

Basado en eso, no parece tan improbable que en un país que apunta a dar un salto hacia el primer mundo no exista ni la conciencia ni una política estatal clara respecto a este tema… un acto que depende de la generosidad de personas que -muchas veces- están absolutamente perturbadas ante la posibilidad cierta de que un ser querido muera.

Da pena y algo de rabia constatar como la pasividad con que gobierno y oposición desecharon este (y muchos otros) tema para dar cauce libre a estériles disputas sobre quién se queda con el trozo de torta más grande, se quiebra abruptamente ante la posibilidad de obtener múltiples apariciones gratis en la prensa… claro, es un año electoral y no podemos culparlos por eso.

Al final, la gran cantidad de horas-aire que los distintos canales le han dado al tema no han servido sino para testimoniar innegablemente la falta de empatía que con el tiempo se ha arraigado en el seno de una profesión antes idealista y comprometida, y que por este vehículo se ha enquistado en quienes se enorgullecen de la solidaridad que demuestran una vez al año, solamente por 27 horas.

Pero lo que es peor… tuvo que fallar el enfermo corazón de Felipe para acordarnos -como siempre- que existe otra realidad. Una en la que muchos otros Felipes tienen la urgencia de hacernos notar que necesitan una oportunidad de seguir con vida y, de paso, que todos nos diéramos cuenta que algunos sectores de la sociedad chilena están evidenciando síntomas de necesitar con urgencia un transplante de razón y conciencia.

Tristemente, para ninguno de estos pacientes existe donante todavía.

Este texto fue escrito y entregado horas antes de que Felipe Cruzat muriera. Descansa en paz, campeón.

One Response to “Un asunto de vida o muerte”

  1. Pier Pallini  on abril 22nd, 2009

    Estimado,
    A mi también me parece increíble como los programas de televisión van siendo cada vez más basura. Es muy poco lo que veo televisión y más poco aún lo que veo televisión nacional (Chilena, para que no se confunda con el canal que lleva ese nombre). Muchas veces se hace insoportable el tono de voz que ocupan los conductores de esos programas, que más que conductores parecen señoras de un centro de madre hablando cosas que a nadie debiera importan, pero que paradójicamente, está comprobado, es lo que a la gran masa interesa. Dejando de lado los temas realmente trascendentales
    Otra cosa que me parece paradójica, es la mención que haces a que los anunciantes no quieren ser relacionados con los temas de ayuda al sufrimiento, cuando a las personas que acostumbramos a informarnos a través de internet nos parece tan claro el hecho que la RSC genera compromiso por parte de la sociedad en la que esta inserta la empresa, por consiguiente, debiera ser más rentable para las empresas informar durante los programas de ayuda que durante los programas de “copucha” , ¿no te parece?


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