Un puñado de nervios, y todo vuelve a empezar

Fue todo muy raro. Martes, teléfono y durante 10 minutos me intentaban explicar cosas que yo no podía entender: ¿Cómo fue que habiendo tanta gente mucho más entendida en tecnología, me llamaron a mi?. Escuchaba a la periodista hablar y a pesar de lo didáctica que era para explicar lo que quería decirme, mi mente ya no estaba conmigo… Huía despavorida hacia cualquier otro lado con cada frase.

- “Ven al canal y afinamos detalles…”

El llamado fue totalmente inesperado. Hacerme cargo de un espacio tecnológico en un noticiario era algo que no tenía en mis planes… y aunque sea del cable, sigue siendo Canal 13, sus instalaciones, su equipo humano y ese estudio desde el que acostumbraba quedar informado cada noche viendo al rostro de turno.

- “Soledad Onetto nos dio tu número recomendándote…”

Ahora sí que no lo podía creer.

Esto era totalmente distinto al desafío que en 2008 también me ligó con el canal del angelito: Estamos Conectados y las cápsulas que hice cuando estaba a cargo de Fayerwayer TV fueron una gran escuela, pero esa experiencia distaba de hablar en vivo con Daniel Matamala, una contraparte tan preparada y cuya admirable habilidad en el manejo de los tiempos habría de vivenciar más tarde.

Desde ese momento -ese martes del llamado, el colapso y el sudor frío- mi estómago no dejó de crujir y gruñir al recordar que me pararía frente a un número indeterminado de cámaras a hablar de cosas que -de seguro- se me olvidarían. Es más, mi ya conocida mala memoria recrudeció durante esos días previos, haciéndome presa de omisiones tan brutales que ahora me avergüenzan incluso ahora.

Compra de ropa, debates sobre si me afeitaba o no, más olvidos y un insistente dolor de estómago que me recordaba a cada momento que faltaba menos tiempo para enfrentar al paredón de fusilamiento audiovisual mirando de frente (a las cámaras).

- “Nos juntamos en Agustinas con Mac Iver.”

Y de pronto, era viernes e iba en un taxi con Daniela hacia el canal… Sentía que aquellos hostigosos nervios -los mismos que siento al tocar la puerta de su departamento cada noche- seguían haciendo mella en mi del mismo modo en que sucedía momentos antes de todos y cada uno de los capítulos de Rompiendo Redes, de las maratónicas transmisiones de hasta 12 horas en Golazo de Radio Valparaíso, de mi más reciente aventura radial en ALT. Esos mismo que sentía antes de recibir mis ejemplares de “Torpedo” donde estaban las entrevistas y reportajes que hacía en el colegio. Nervios similares a los que sentía antes de publicar en Wayerless, Fayerwayer (sí, una vez), Formula 3 y actualmente en Racing5 y Codigo Morse.

Nervios ricos… de esos que te recuerdan que estás vivo. Vivo, y a punto de hacer algo que -quizás- pueda cambiar tu vida.

Ya sentado en prensa de Canal 13, todo era grabar imágenes de apoyo, tweetear y tratar de controlarme… ¿Está mi pelo limpio?, ¿me veo bien?, ¿qué era lo que iba a decir sobre Facebook?, ¿dónde cresta dejé mi cepillo de dientes?, ¿yo no manché esa silla, cierto?, ¿en serio me va a grabar Guido?, ¿dónde quedó mi tor…?

- “¡Maquillaje!”

Nunca me sentí mejor con maquillaje en la cara… No porque me guste andar con base y polvos por la vida, sino porque la maquilladora me ayudó a agarrar confianza a pocos minutos de salir al aire. Fue agradable ver que mi cara no tenía brillos ni ojeras.

- “¡Vamos al estudio!”

Las tres palabras que añoraba, pero que no estaba preparado para escuchar.

Lo demás es historia. La camisa, el micrófono, las luces y aquellos 275 segundos de los que tengo vagos recuerdos.

Luces apagadas, terminaba Telenoche C y tras una breve conversación sobre mi teléfono, Daniel Matamala se iba de vuelta a la sala de prensa… yo me quedé ahí, en la misma mesa durante unos 5 minutos más. No podría creerlo.

Todavía no puedo.

Terminaban así los 5 minutos más adrenalínicos que jamás tuve, y comenzaban 7 días en los que el ciclo volverá a comenzar… Gracias a todos.

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